
Tus besos tenían el sabor que deseaba, cada palabra dicha era casi una caricia para mi persona y tu cuerpo una conjunción de sueños prohibidos, juraría que la fusión podría acercar la locura al más valiente o lograr la mayor proeza del más sinuoso. Tu perfume embriagaba mi organismo hasta llevarme a caminar por angostos senderos presa de mi laberinto personal, pero tejiste cada camino a tu imagen y semejanza, supongo que con aquella cadena que colgaba de tu cuello, además pesaba demasiado y no te dejaba levantarte tanto como siempre quisiste, por eso mis ojos te miraban siempre que tú no lo hacías y aunque forjé en dulce cada momento, tu piel era metalizada mientras engarzaba sueños a tu corazón de cristal...
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