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El cielo sólo es azul cuando el color de mis Faber-castel así lo decide, pues mi persona se basa en torno a una gama cromática que varía según la amargura de una lágrima y el reflejo de un cabello al viento de tu sonrisa. Por ello decidí ser, para dejar de estar y parecer, la luz marca el camino, aunque sólo sea bajo la atenta mirada de un cigarro que no descansa...

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