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Llegué a casa a la hora en que el sol comienza a despuntar y las farolas aún sobreviven, pero mi cuerpo no estaba listo para fusionarse con las sábanas, así que ordené a mis dedos que se liasen el último cigarro con el único papel que se dignó a aparecer por mi escritorio, estubo listo en cuestión de segundos. El tiempo carecía de continuidad mientras mis oídos aclamaban ángeles, así que me puse de pie justo cuando volví a necesitar a Gabriel entonces hice acopio de fuerzas y opté por sacar mi silla favorita al balcón, para ser testigo mudo de la muerte de las últimas estrellas. Mi mente conectaba recuerdos con sensaciones, ante aquel espectáculo diurno ilustrando gestos descritos en imágenes, pero tu nombre cruzó mi paladar, evitando el sosiego que comenzaba a recorrerme la espalda, entorné la vista ante los implacables rayos solares e intenté eliminarte respirando hondo, muy hondo...Mientras, mi móvil, perdía una llamada tuya... 

1 comentario:

  1. Los cigarros a altas horas de la madrugada en el balcón son los mejores, sin duda.

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