06

Apurábamos el último cigarro, con la compañía del tenue brillo que regalaban aquellos incandenscentes asesinos y los lamentos de las farolas entre la persiana. Jugueteaba con tu pie mientras mirabas mi boca al hablar y, presa de mis caricias te ibas quedando dormida, lo cuál es una gran estrategia, así puedo observarte mientras sueñas... Porque yo nunca sueño, pero aquella noche soñé, con hojas de otoño y susurros de cristal, con cascadas se sentimientos en forma de sudor, con palabras silenciosas y caricias de metal. Aquel instante estabas ahí, tumbada a mi lado y abrazada a mi pecho, cómo si se tratase de un regalo para mí, solo para mí, tan dulce y suave como deben ser las nubes...De súbito sonó aquella odiosa melodía en forma de despertador, dándome los buenos días mi diaria soledad, pero sonrío, porque habitas en mis sueños...

No hay comentarios:

Publicar un comentario