
El impasible corazón del autobús y yo compartíamos destino, mientras muchos dormían y otros fotografiaban el paisaje, mi respiración se fusionaba al cristal y las lágrimas que gritaban tu nombre se transformaban en lluvia justo al otro lado, en un intervalo hullabaloo pude distinguir la atronadora voz de una ambulancia. Efectivamente, metros más adelante había un accidente en el cuál estaban implicados varios coches, y por extraño y macrabro que parezca, el mayor amasijo de hierro, era aquel metalizado en el que te vi la primera vez...
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