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Aquel día me puse una de las camisetas que secuestraron tu esencia en mi nombre, pues juré que permanecería conmigo. El pantalón tambien era de tus favoritos, en conjunto con las DC de siempre, segundos despues, invoqué el xilófono de hormigas que usabas cual banda sonora. Entonces sólo doce pasos separaban mi persona del resto, así podría camuflarme. El ascensor, por extraño que resulte, estaba listo para descender rumbo al infierno diario, donde ninguna lágrima asusta al valor del león, pero tú debías camuflarte cual oveja. Paseando me encendí el último cigarro del paquete, para volver hasta aquel sabor inconfundible que tanto me recordaba a ti, no sólo porque era la misma marca, sino que tus besos llevaban impregnado parte de lo que ahora contaminaba mi ser, en el humo, dibujé sueños de hielo aprovechando el frío nocturno que nos maltrataba. Llegué al oxidado banco que señalizaba la parada y sin darme tiempo a acabarlo el número veinte aparecío, doblando la esquina más próxima, dí la última calada mientras sacaba la cartera y el bus se postraba ante mí, abriendo sus puertas. Al subir me quedé de pie, pues mi asiento favorito estaba ocupado y quería estirar un poco las piernas. Rumbo al destino tube que agarrarme a la barra que cuelga del techo, lo que hizo que tu aroma volviese a mancharme el paladar, entonces me dí cuenta que mi alma estaba en el mismo lugar, en el mismo autobús, en el lugar exacto, dónde estubimos, pero...¿dónde estas tú?
 

3 comentarios:

  1. sin palabras....
    me gusta....
    rabia... :)

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  2. las fotos tan kedao deluxe... muy detalloso tio, hay un tipo de cine k no recuerdo como se llama que consiste en eso, en narrar todo paso a paso y cronológicamente, me recuerda a tu tipo de escritura. ^^ y ya sabes que me gusta, y más xk sigo tu día a día y lo entiendo mucho mejor

    un beso pequeñajo

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