
En cada palabra he hablado de corazones perdidos, de almas silenciadas y de cremalleras que encerraban el sonido de palabras mudas, pero me pararé a pensar en las razones del mundo interpretadas bajo su mirada...
Fue casi todo lo que deseó ser, pues siempre se sintió capacitado de alcanzar el sol, miraba al fin del mundo sin pensar en el vaivén de las hojas y entonces escapó del paraíso, al ser repudiado por la arena que transportaba en los pies. Entre la maleza, se refugió en una casa oculta en su alma para que el calor de la chimenea derritiese sus vísceras cual incienso, transformando su cuerpo en ceniza mecida al viento, cruzó kilómetros para demostrarse a sí mismo su valía, incluso adoptó una nueva ubicación, sobre un lecho distante, en el que duendes caprichosos ensuciaban sus sábanas, sólo para llevar su corazón hasta un lugar dónde nadie lo encontrase. El precio era el precipicio que nunca quiso mirar, pero aún así, lo aceptó, para ser algo más que una marioneta que baila al son de un bombo y una caja. Decidido esto, guardó cada palabra en un baúl independiente, hasta que cobrasen sentido por separado y como los disfraces siempre fueron demasiado caros, el suyo fue tejido de tinta y papel...
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