Cada grado prohibía a mi mente el poder dar veracidad a los hechos, al principio todo era tan simple que deambulaba entre sueños, al atardecer miré a los demonios que se reflejaban en los espejos, esperando que viniesen a apoderarse de mi alma, la tinta transmutó en agua que mezclada con la ceniza se marchó por el desagüe, dejando secas las raices... sabor otoño.

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