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Las sombras estaban celosas de como sonaban las caricias, de cada respiración, es más, casi no cabía la luz entre ellas, ni había rendija de persiana a la que aferrarse, solo pensamientos y sensaciones, pues el humo danzaba sobre la superficie de aquellas curvas perfectas,siempre recaían al final del plano. Era de esperar que la chispa apuntase al filo y cada cual se evapore junto a la típica tinta incrustada, corre, vuela, a lomos del mismo de siempre, cortado por el mismo patrón, ya que, cada movimiento ponía en duda las intenciones, la mezcla, era perfecta y sólo varió la cantidad de persona vertida. No importó el momento, porque sobraban motivos y en realidad, compuse la compañía.

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