
Aquel saxofón apuraba las lágrimas que evocaban tu nombre y el humo sugería formas desde el cenicero. Sentía tu proximidad cual niño maravillado ante un juguete nuevo, pero no dejé que me vieras en aquel estado y olvidé en un cajón las avenidas mojadas ya recorridas, a tiempo para verte brillando como una estrella. Tu sentido común notaba mis carencias, pero dejamos los abrigos en la puerta, ya que a estas alturas, yo había tachado a mi alma de hipócrita muchas veces. Te sentaste en la cama con la mirada perdida, pues ambos conocíamos la situación, pero dudamos hasta de las palabras. Tras un incómodo silencio, mi valor creció al encontrar tu mirada, tanto cómo para precipitarme hasta tu cintura y fabricar cosquillas con las que tu gesto cambiara. Reíste como una naranja cortada por la mitad sobre mi corazón mojado, para recordarme la importancia que tenía tu sonrisa...
"Reíste como una naranja cortada por la mistad sobre mi corazón mojado, para recordarme la importancia que tenía TU sonrisa..."
ResponderEliminarMe encanta esa última frase ^^